Los Latinos Somos felices ?.

La amistad, la familia e incluso las creencias, son factores importantísimos que logran que a pesar de los problemas económicos y sociales que existen en América Latina, la gente sea muy feliz.

Y es que, al tener amigos y familia, hablamos de tener apoyo. No es lo mismo enfrentar los problemas solos que tener quién nos ayude a sobrellevarlos. No es lo mismo formar parte de un grupo con el que podamos empatizar, y en el que podamos sentirnos parte de algo, que tener tal vez un auto lujoso o mucho dinero, pero fuera de eso no tener más nada.

La familia, a diferencia de países como los europeos, es el núcleo más importante, y eso se refleja incluso en la forma de convivir y relacionarse. Por ejemplo, para muchos, los domingos son familiares y por tanto, ayudan a recargar la pila y llenarse de energía, ya que no hay nada como sentarse a la mesa y comer juntos, escuchando música, escuchando lo que dicen los demás y al mismo tiempo siendo escuchados; incluso sólo en Latinoamérica existe la sobremesa, momento inmejorable en el que la comida se hace cena, gracias a que la plática se extiende acompañada de cafecito, té y uno que otro postre o recalentado de la comida. Si pensar en esos momentos nos trae una sonrisa a la mente ¡imagínate entonces la felicidad que nos genera cuando los vivimos realmente!

Además, los latinos cuidamos mucho las relaciones humanas y por tanto no sólo la familia sino los amigos también se vuelven un factor importante en nuestras vidas. Situación que se ve reflejada en diversos aspectos, como el trabajo, donde al buscar generar un entorno cálido, creamos relaciones de amistad con las personas que convivimos más de ocho horas al día, evitando que se vuelvan solamente relaciones de trabajo un tanto frías.

En la escuela, en el gimnasio, con los vecinos… siempre buscamos mantener conversaciones, conocernos, convivir, y de ahí formar relaciones fuertes, creando amigos con los que se puede contar en cualquier momento, sobre todo para apoyarse cuando hay problemas.

Y es ahí donde volvemos al círculo en el que sí, a pesar de no tener la misma calidad de vida ni económica ni social como la de países europeos, al tener este vínculo con las personas y sentirnos protegidos, queridos y apoyados, logramos esa felicidad que ni el dinero compra.